El éxito o el fracaso de la educación de un niño no depende exclusivamente de un factor sino de la combinación de muchos: el método educativo que reciba, el carácter del niño, la estimulación que reciba, la implicación de los padres, el entorno que le rodee, el cariño que haya recibido, etc.


Hoy queremos centrarnos en el factor estimulante. Hay cientos de actividades, muchas tan sencillas y corrientes como la propia interacción con los otros niños, que influyen y potencian su capacidad cognitiva y su inteligencia.


Los pedagogos y psicóloga recomiendan que esta estimulación intelectual se produzca desde una edad temprana y depende en gran medida de los padres porque nadie influye tanto en un hijo como ellos.


Todos coinciden en señalar que el futuro de un hijo siempre será mejor si trabaja y potencia su inteligencia; ya no sólo desde una perspectiva profesional sino vital.


El periodista Eric Barker, colaborador en Wired y la revista Times , entre otros medios, es aficionado a la ciencia de la conducta humana. Tras hacer un seguimiento de los últimos hallazgos de esta disciplina, propone 10 ideas para potenciar la inteligencia de los más pequeños.


Antes de que les eches un vistazo, un consejo: no le fuerces a hacer una actividad que no le gusta, porque provocará el efecto contrario y le cogerá manía. Habla con él o ella, hazle ver por qué es beneficioso e invítale a probarlo; así comprobará si le divierte o no.


No se trata de ocupar su tiempo, sino también de aportarles conocimientos que fomenten su desarrollo y crecimiento personal.


Tocar un instrumento


Se ha comprobado empíricamente: tocar un instrumento musical potencia la inteligencia de los niños, y en realidad, de las personas de cualquier edad. Al hacerlo ponemos en funcionamiento ciertas áreas sensoriales del cerebro que estimulan el aprendizaje.


Numerosos colegios incorporan en su programa de actividades extraescolares las clases musicales. Si se aficiona y tiene aptitudes, siempre puede seguir desarrollando esta faceta de manera más formal en un conservatorio.


Practicar algún deporte


Un buen estado físico aumenta la capacidad de aprendizaje. A esta conclusión llegaron un grupo de investigadores alemanes tras realizar un estudio con humanos, a los que propusieron memorizar varias palabras antes y después de haber hecho ejercicio; la tasa de aprendizaje aumentó un 20% después de la actividad física.


Además en otro estudio se diseño un régimen de 3 meses de ejercicio a un grupo de voluntarios y pasado ese periodo se fotografiaron sus cerebros. En las imágenes se pudo parcial que el volumen capilar en el área de la memoria del hipocampo había aumentada un 30%.


Que lean y escriban


En vez de leerles un cuento, proponles que lean contigo. Señalad las palabras que más le llamen la atención e invítale a descubrir su significado. Leer en común es más enriquecedor, porque el niño pone mayor atención y también ayuda a potenciar su habilidad de escritura.


Es importante que desde pequeños aprendan a dominarla. Los expertos aseguran que, más allá de ser una actividad mecánica, la escritura estimula la actividad cerebral y exige coordinar procesos cognitivos, motrices y neuromusculares.


Dormir lo suficiente


Un hora de sueño perdido para un niño de 10 años equivale a perder 2 años de maduración y desarrollo cognitivo.


Para llegar a esta sorprendente conclusión, se realizaron previamente varios estudios. Uno de ellos lo dirigió la experta en desarrollo infantil Kyla Wahlstrom en la universidad de Minnesota, que observando a un grupo de adolescentes percibió que los que sacaban mejores notas dormían una media de 15 minutos más que aquellos que sacaban las siguiente mejores calificaciones; y así sucesivamente.


Estos resultados vinieron a replicar lo que obtuvieron unos meses atrás en otra investigación con 3.00 estudiantes de secundaria de Rhode Island.

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El uso de aparatos electrónicos como teléfonos móviles, tabletas, consolas de videojuegos y la propia televisión, que forman parte del estilo de vida de los niños, altera su ciclo de sueño debido a la luz que producen. Así que procura que eviten sus uso los mementos previos a irse a la cama.


Actitud sobre inteligencia


La autodisciplina tiene un mayor efecto sobre el desempeño académico que el coeficiente intelectual. Los estudiantes que son más perseverantes y asumen sus responsabilidades, tienen más posibilidades de ingresar en universidades prestigiosas o acceder a mejores puestos de trabajo.


El libro “Cómo triunfan los niños: determinación, curiosidad y el poder oculto de la personalidad”, de Paul Touch, recoge que las personas diligentes tienen mejores notas en el colegio y universidad, cometen menos crímenes y tienen matrimonios más largos. Viven más, tienen menos derrames cerebrales, la presión sanguínea más baja y menos incidencia de Alzheimer.


Así que ya sabes, incúlcale a tu hijo la cultura del esfuerzo y no sólo será más inteligente, sino que estará más sano.


Investigar y probar


Saberse la teoría está bien, pero la práctica es necesaria para aprender de verdad. Esto lo habrás oído muchas veces en contextos laborales y formativos, y lo mismo les ocurre a los niños. El aprendizaje verdadero no es pasivo, es activo.


Nuestros cerebros evolucionaron para aprender haciendo cosas y no escuchando sobre ellas. Esta es una de las razones por las que para aprender ciertas habilidades es mucho mejor pasar dos tercios del tiempo practicándolas y no memorizándolas. Es la llamada regla de los dos tercios.


Comer sano


La obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI. Los niños obesos y con sobrepeso tienden a seguir siendo obesos en la edad adulta y tienen más probabilidades de padecer a edades más tempranas enfermedades. Es más, una alimentación poco saludable o baja en carbohidratos o fibras ralentiza el aprendizaje.


Se realizó un estudio donde se analizó la velocidad de atención y de pensamiento de 16 estudiantes universitarios y después hicieron durante cinco días una dieta alta en grasas y baja en carbohidratos, con alto contenido de carne, huevo, queso y crema. Cuando realizaron por segunda vez las pruebas, comprobaron que su desempeño había disminuido.


Disfrutar y ser feliz


Los niños más felices tienes más probabilidades de convertirse en adultos exitosos y con amplia experiencia. La felicidad es una tremenda ventaja: las personas felices son más exitosas que las personas infelices, tanto en el trabajo como en el amor, tienen mejores evaluaciones, trabajos más prestigiosos y ganan sueldos más altos. Tienen más probabilidad de contraer matrimonio, y una vez que lo hacen, están más satisfechos con su relación.


Interactuar con los demás niños


Cuando los estudiantes con bajas calificaciones interactúan y comparten vivencias con otros con buenas notas, acaban mejorando sus resultados. Aunque los factores biológicos influyente en el intelecto y la capacidad de aprendizaje, el entorno también juega un papel fundamental. De ahí la importancia de que los pequeños interactúen y se relacionen con otros niños. En edades tempranas ejercen la imitación y repiten aquello que ven con mayor frecuencia.


Trabajar la autoconfianza


Difícilmente un niño se creerá inteligente si nunca se lo dicen. A los adultos no pasa algo parecido: cuando nos creemos capaces de hacer algo, es mucho más probable que lo consigamos. En un experimento pudieron cerciorase de ello: escogieron a varios niños al azar de una clase de primaria y les dijeron que tenían un coeficiente intelectual más alto que la media. Al final del curso, todos habían mejorado sus capacidades cognitivas.


Esto no significa que le digas a tu hijo constantemente lo listo que es por cualquier cosa que haga, pero sí valorarle el esfuerzo y destacar sus avances.


 

Por Richard Estévez

Redactando noticias desde casi que podía sentarme en la silla del ordenador. Apasionado de la tecnología y de las finanzas. Poniendo al día a los usuarios de internet.

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